lunes, 11 de febrero de 2013

EL SANTO PADRE RENUNCIA
Hoy hemos conocido el anuncio del Santo Padre Benedicto XVI de renunciar a la Sede de Pedro, miles en el mundo comentarán el hecho, yo un pobre sacerdote, solo quiero elevar mi acción de gracias al Señor.
La Iglesia de Dios llamada a la Santidad de vida, a lo largo de la Historia en medio de diversas dificultades ha salido siempre  triunfante. Sabemos bien que la Barca es del Señor, quien es el Sumo Pontífice, por supuesto es gracias a esto que los poderes del infierno no triunfarán. "Yo soy un humilde siervo de la Viña del Señor", con estas palabras  inició su pontificado Benedicto XVI, ahora el humilde siervo reconoce que su trabajo requiere fuerzas que a él van faltando y en coherencia con lo que dijo al comenzar, en un acto de humildad renuncia. Pronto se eligirá otro Papa, la tarea del Católico autentico es agradecer y orar para que sea Dios quien siga guiando nuestra Igleisa.

En la renuncia del Santo Padre, solo veo el deseo de glorificar al Señor, no comparo su acto generoso con ningún otro Papa, solo bendigo a Dios, pues por un Humilde siervo nos ha enseñado mucho. Gracias Señor por la vida y ministerio del Sabio Papa Benedicto XVI. Fr. Sidi
 
 

GRACIAS POR 8 AÑOS DE UN PONTIFICADO LLENO DE LUZ EN MEDIO DE MUCHAS DIFICULTADES.

sábado, 8 de diciembre de 2012

QUE NUESTRA FRAGILIDAD HUMANA NO OPAQUE EL ROSTRO DE CRISTO

El pasado primero de diciembre, en la Catedral Nuestra Señora de las Mercedes de Caldas, Antioquia, fueron ordenados como sacerdotes por imposición de manos y oración consecratoria de Monseñor Fidel León Cadavid Marín, Obispo de Sonsón-Rionegro; los Hermanos Fr. Edisom Guarnizo Trujillo, Fr. John Fredy Marín Rengifo y Fr. Rubén Darío González Ríos.
Hemos contado con la compañía del ministro provincial Fr. Joaquín Agesta, la del custodio provincial de Colombia Fr. Rafael Garavito, la mayoría de los profesos solemnes de nuestra custodia provincial, varios sacerdotes de distintas comunidades religiosas y del clero diocesano y un nutrido grupo de fieles.
Apartes de la homilía de Monseñor Fidel:
 
Celebramos la acción sorprendente de Dios que hoy deposita el don del sacerdocio sobre la vida y persona de Edisóm, John Fredy y Rubén Darío. Nos unimos a los sentimientos de emosión y de alegría de ellos, de sus familiares y de los Franciscanos Menores Conventuales, Orden a la cual pertenecen.
El gran protagonista de esta celebración  es Dios. Solamente Dios llama - y, llama a cada uno personalmente. Toma la iniciativa para llamar a los que necesita para llevar a delante su plan. Soberanamente Dios elige profetas y sacerdotes, que hablen y actúen en su nombre, para bien de su pueblo. Esta experiencia es tan profunda que abarca desde el inicio de la existencia: "Antes de formarte en el vientre te escogí" y por lo tanto determina toda la vida de la persona. Estamos desde siempre en la mente y el corazón de Dios.
Toda vocación es iniciativa misteriosa e inefable del Señor, que toca la vida de una persona, a la que conoce, ama, llama para sí, entabla con ella una gran amistad, lo consagra y lo envía. San Pablo lo interpreta como acción de la misericordia divina: "Encargados de este ministerio por misericordia de Dios". La grandeza de ser llamados al sacerdocio no radica en merecimientos humanos, sino en el hecho de que Dios piense en nosotros, que Dios se fije en nosotros, que Dios confie en nosotros... Eso pone en evidencia la iniciativa de Dios, su gracia y su amor. Jamás podríamos, pues, gloriarnos de nosotros mismos.
 
En la ordenación el Espíritu Santo consagra a Edisom, a John Fredy y a Rubén Darío como sacerdotes, los toma de entre los hombres, de entre comunidades concretas como Ituango, Tarqui y Caldas y, los transforma de una manera radical que los convierte en Cristo mismo, en su imagen viva y los capacita para ser "dispensadores de los misterios de Dios". Ustedes, desde este día de su ordenación van a ser "prolongación de la presencia de Cristo", único y supremo pastor, y van a ser "transparencia suya" en medio del rebaño que se les encomienda.
San Francisco sabía muy bien que un sacerdote es otro Cristo, por eso tenia una devoción especial por ellos y los consideraba sus "señores", porque en ellos veía únicamente al "Hijo de Dios". El pueblo creyente sabe que en el sacerdote está la presencia del mismo Señor Jesucristo... En la ordenación un sacerdote se indentifica con Cristo, sobre todo en "dar la vida" ... debe ofrecer su cuerpo como sacrificio viviente, santo y agradable a Dios (cf. Rm 12, 1-2). Su vida es una vida donada, entregada, derramada, como la de Jesús. El que no entrega la vida no puede dar vida.
 
Edisóm, John Fredy y Rubén Darío: acepten la gracia que Dios les da y la responsabilidad que pone sobre sus hombros y sobre su corazón de pastores. Valoren lo primero como un gran tesoro, pues es Dios y su obra de salvación y sean conscientes que son "Vasijas de barro". "El Señor puso el sello sacramental de su presencia sobre la debilidad humana" (Juan Pablo II); que esa fragilidad humana no opaque el rostro de Cristo, sino que los haga conscientes "que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de ustedes" ... + Fidel León Cadavid Marín (Obispo Sonsón - Rionegro)

viernes, 9 de noviembre de 2012

ORDENACIÓN PRESBITERAL Fr. EDISOM GUARNIZO, Fr. RUBÉN DARÍO GONZÁLES Y Fr. JOHN F. MARÍN


(Foto: Fr. Edisom, Fr. Rubén y Fr. John)
El Señor llama a todos sus hijos a la perfección en el amor; la plenitud humana se alcanza en la medida en que se acepta éste proyecto. El lugar dónde realizar la vocación a la que somos llamados lo escogemos nosotros desde la libertad absoluta que nos ha dado el Creador mismo.
  
La Vocación sacerdotal y religiosa, es un don maravilloso de Dios, que se ha de asumir con el ánimo firme de santificar la vida en bien de los hermanos y hermanas del mundo. Los que elegimos el seguimiento de Cristo, en la vida sacerdotal, somos hombres llenos de limitaciones, con la fe puesta en Jesucristo Pastor supremo, único que puede hacer que nuestra vocación sea fecunda.
 
El ministerio del presbiterado lejos de apartarnos del mundo, nos manda a él, para ser la prolongación del amor entregado de Dios a la humanidad, "No tepido que los saques del mundo, sino que los libres del maligno" (Jn. 17,15) . El Sacerdote es un siervo del Señor, no somos los únicos siervos, como se ha dicho al inicio, Él llama, el lugar lo escoge cada uno, así pues, todo el que asume con responsabilidad el proyecto de la Vida Cristiana, se santifica y halla la plenitud de su condición humana en el servicio a Dios y a los hermanos.
 
Este ministerio al que se llega luego de un largo proceso de formación espiritual, académica, pastoral y humana, no exento de dificultades y dudas, de muchas y variadas tentaciones, requiere ser animado día a día con la oración ferviente y perseverante del ministro mismo y de todos los creyentes en favor suyo. La vocación sacerdotal debe ser protegida por la Iglesia entera, si bien, todos somos sacerdotes por nuestro bautismo, los hombres encargardos de administrar los sacratísimos misterios, necesitan del apoyo, oración y corrección caritativa de todos los miembros del Cuerpo de Cristo.
 
Con gran gozo, celebramos la Ordenación presbiteral de nuestros hermanos Fr. Rubén Darío González Ríos, Fr. Edisom Guarnizo Trujillo y Fr. John Fredy Marín Rengifo. La Orden de los Hermanos Menores Conventuales, Custodia provincial San Francisco de Asís de Colombia y la Iglesia entera se llena de alegría por nuestros hermanos. Juntos deseamos caminar asidos firmemente a la mano del Señor para servir con humildad a su Pueblo Santo. 

jueves, 27 de septiembre de 2012

RASGOS CARACTERÍSTICOS DE LA ORACIÓN FRANCISCANA

Al tratar de reflexionar sobre el modo de orar propio en el camino franciscano, surge la duda, si en realidad este carisma tiene algo que aportar al modo de orar de la Iglesia. A primera vista, se suele pensar que sólo movimientos como el carmelitano, benedictino, ignaciano, afamados por su especificidad, hacen un significativo aporte al modo de orar de la Iglesia, sin embargo, el pequeño y simple Francisco de Asís con su experiencia y enseñanzas marcó un camino de oración cargado de un profundo sentido evangélico, que abre nuevos horizontes en el modo de vivir la espiritualidad cristiana.
A continuación trataremos algunos de los puntos más significativos de la oración Franciscana:



En primer lugar debemos destacar el profundo carácter afectivo de la oración en la Orden de los Menores. En contraste con lo que enseñaban los maestros del monacato en occidente, para quienes el objetivo máximo en el itinerario espiritual era llegar a la impasibilidad de los sentidos, el camino iniciado por el pobrecillo de Asís, implicaba un redescubrimiento de los deseos y afectos del hombre, pero no de cualquier modo ni dirigidos hacia cualquier cosa, sino purificados por la penitencia y encaminados hacia Dios. Un ejemplo que nos ilustra lo que significa el carácter afectivo de la oración franciscana es el popular icono del “abrazo”, en donde aparece Francisco recibiendo entre sus brazos a Jesús, y en la que se nos muestra que la relación que se debe entablar con Él no es tanto la del maestro-discípulo o señor-siervo, sino la relación de hermano, Esposo y Madre.



El segundo aspecto que destacamos es el de la contemplación. Francisco no sólo amaba tiernamente al Señor, sino que deseaba verle. Este deseo lo vemos claramente expresado en la oración ante el crucifijo de San Damián, pero con mayor nitidez en la Navidad en Greccio, cuando hace la primera representación del pesebre. El Verbo que se “hace carne” y que tan hondamente se gravó en el alma de Francisco, requiere para ser conocido categorías corpóreas y es la vista la más útil para este fin. Así la contemplación del Verbo nace del contacto físico y trasciende hasta lo más profundo del ser. La relación con Jesús no es ya sólo cuestión de meditaciones ni de elucubraciones mentales, sino de encuentro vital, de relación cotidiana, humana.

Por último, el camino de oración franciscano, debe llevar a la pacificación del corazón del hombre. El encuentro con Jesucristo pobre y manso, debe conducir al hermano al descubrimiento del amor compasivo de Dios, que armoniza todas las guerras que puedan existir en el interior de su corazón y que provocan violencia en su entorno. Por esa razón, Francisco decía a sus hermanos que cuando fuesen por el mundo no litigasen, ni contendiesen de palabra, ni juzgasen a otros; sino que fuesen apacibles, pacíficos y mesurados, mansos y humildes (Regla B. 3).

Siendo consientes de que la única forma de ser auténticos franciscanos es teniendo la misma experiencia espiritual que tuvo Francisco, animémonos a seguir sus huellas, amando con la totalidad de nuestros afectos al Señor, contemplándole constantemente y siendo en medio del mundo instrumentos de la paz que sólo Él nos da. (Enviado por un Lector anónimo de nuestro blog.)

sábado, 14 de mayo de 2011

MENSAJE DEL PAPA PARA LA JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

Queridos hermanos y hermanas

La XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebrará el 15 de mayo de 2011, cuarto Domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Proponer las vocaciones en la Iglesia local. Hace setenta años, el Venerable Pío XII instituyó la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales. A continuación, animadas por sacerdotes y laicos, obras semejantes fueron fundadas por Obispos en muchas diócesis como respuesta a la invitación del Buen Pastor, quien, “al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”, y dijo: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 36-38).

El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al “Señor de la mies” tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores, entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: “Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres” (Mt 4, 19). Les mostró su misión mesiánica con numerosos “signos” que indicaban su amor a los hombres y el don de la misericordia del Padre; los educó con la palabra y con la vida, para que estuviesen dispuestos a ser los continuadores de su obra de salvación; finalmente, “sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13,1), les confió el memorial de su muerte y resurrección y, antes de ser elevado al cielo, los envió a todo el mundo con el mandato: “Id y haced discípulos de todos los pueblos” (Mt 28,19).

La propuesta que Jesús hace a quienes dice “¡Sígueme!” es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24); los invita a salir de la propria voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: “La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros” (Jn 13, 35).

También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia “está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales” (JUAN PABLO II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 41). Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por “otras voces” y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones. Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir “sí” a Dios y a la Iglesia. Yo mismo los aliento, como he hecho con aquellos que se decidieron ya a entrar en el Seminario, a quienes escribí: “Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera” (Carta a los Seminaristas, 18 octubre 2010).

Conviene que cada Iglesia local se haga cada vez más sensible y atenta a la pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los jóvenes -como hizo Jesús con los discípulos- para que madure en ellos una genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones. “Proponer las vocaciones en la Iglesia local”, significa tener la valentía de indicar, a través de una pastoral vocacional atenta y adecuada, este camino arduo del seguimiento de Cristo, que, al estar colmado de sentido, es capaz de implicar toda la vida.

Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado. Para dar continuidad y difusión a vuestra misión de salvación en Cristo, es importante incrementar cuanto sea posible “las vocaciones sacerdotales y religiosas, poniendo interés especial en las vocaciones misioneras” (Decr. Christus Dominus, 15). El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan llegar a los corazones de quienes ha escogido. Tened cuidado en la elección de los agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones, instrumento precioso de promoción y organización de la pastoral vocacional y de la oración que la sostiene y que garantiza su eficacia. Además, quisiera recordaros, queridos Hermanos Obispos, la solicitud de la Iglesia universal por una equilibrada distribución de los sacerdotes en el mundo. Vuestra disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que “el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana” (Decr. Optatam totius, 2). Por tanto, deseo dirigir un fraterno y especial saludo y aliento, a cuantos colaboran de diversas maneras en las parroquias con los sacerdotes. En particular, me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén “animadas de espíritu de fe, de caridad y de piedad” (ibid), capaces de ayudar a los hijos e hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren “cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina” (ibid).

Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la comunión. Por eso, cada momento de la vida de la comunidad eclesial –catequesis, encuentros de formación, oración litúrgica, peregrinaciones a los santuarios- es una preciosa oportunidad para suscitar en el Pueblo de Dios, particularmente entre los más pequeños y en los jóvenes, el sentido de pertenencia a la Iglesia y la responsabilidad de la respuesta a la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada, llevada a cabo con elección libre y consciente.

La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el interior de cada comunidad la disponibilidad a decir “sí” al Señor, que llama siempre a nuevos trabajadores para su mies. Con este deseo, imparto a todos de corazón mi Bendición Apostólica.

Vaticano, 15 noviembre 2010

BENEDICTUS PP. XVI




jueves, 24 de marzo de 2011

VISITA A LAS FRATERNIDADES DE COLOMBIA

Con sumo gusto comparto algunas impresiones sobre mi reciente visita a las fraternidades de nuestra Custodia provincial de Colombia.

Lo primero que quiero proclamar es que la vida religiosa, nuestra vida evangélica de Hermanos Menores, es del Señor, es una llamada exclusivamente suya, y allá donde uno vaya reconoce los signos de la obra de Dios a través de ella, encarnada en hombres pobres y pecadores como somos cada uno de nosotros. Sea América Latina, igual que en Europa, hay signos de identidad que hablan de forma inequívoca. La pregunta está escondida en lo hondo del corazón y la respondemos con la vida o la evitamos: ¿a Quién pertenecemos, por Quién estamos poniendo en juego nuestras vidas; por Quién madrugamos cada mañana?...

Las fraternidades de nuestra Custodia me son ya familiares, porque conozco a todos los hermanos desde hace años, su misión, sus afanes de evangelización; a varios de los jóvenes frailes, los he visto pasar de la formación a la inserción en las casas conventuales, con mucha satisfacción, y voy familiarizándome también con los seglares, que colaboran con los hermanos y se me van haciendo muy queridos.

Noto que las fraternidades van tomando robustez, y se van haciendo un cuerpo más vivo desde la perspectiva de la misión: “ad intra”, vida fraterno-testimonial, y “ad extra”, atención ministerial en sentido amplio (caridad, evangelización y liturgia). No se discuten, y se cuidan, elementos esenciales de nuestra forma de vida como la oración comunitaria, el diálogo, el trabajo y un respeto esencial por el camino que cada uno de los hermanos va haciendo. Las relaciones son la piedra de toque de nuestra forma de vida, y sin embargo, encuentro entre los hermanos una disponibilidad preciosa para regenerarlas; he repetido en todas las casas, no habrá relaciones interpersonales maduras, si no dejamos que el Espíritu Santo nos modele, nos vaya rehaciendo de nuevo el corazón, tornándolo más humano, más dócil, más creyente, esto requiere tiempos de escucha y acogida largos, primero del Señor, y luego de los demás, y de uno mismo.

La formación personal y comunitaria es esencial para avanzar, no podremos dialogar con el mundo de hoy si no estamos en proceso de formación vital y permanente, por dentro y por fuera; nuestra pastoral vocacional, bien cuidada por cierto, necesita lenguajes “viejos y nuevos”, los de nuestra tradición cristiana vertidos en la horma de la vida franciscana, y las categorías culturales que manejan los jóvenes de hoy, en las que hemos de poder introducir las preguntas esenciales… ¿Señor quién eres Tú, quién soy yo?...

Quiero resaltar con alegría y gratitud, la labor caritativo-social que se lleva en todas nuestras casas, pero de modo particular en Corozal y en el Hno. Francisco de Medellín. Conozco el trabajo, la entrega y la abnegación de las fraternidades, porque los responsables de los proyectos están verdaderamente apoyados por sus fraternidades y en comunión con la Provincia. La Provincia realiza con vosotros esta dimensión esencial de la evangelización y la humanización de la vida de los pueblos y las comunidades.

Animo a que sigan cuidando las celebraciones litúrgicas con el canto, la creatividad y la participación de todos, “la belleza salvará al mundo”… no conviene que lo olvidemos, ¡Cristo el Señor, el crucificado, el Resucitado es bello!, “es el más bello de los hombres “ (Sal 45, 3).

Es precioso sentirse hermano entre hermanos, esa es nuestra vocación con la que estamos llamados a evangelizar, esa ha sido mi experiencia en este mes de convivencia con los hermanos de la Custodia en sus fraternidades. Agradezco todos los gestos de aprecio, de fraternidad y de confianza que he recibido por parte de los hermanos, y de algunos seglares que conozco y estimo: Consuelito de Corozal, doña Marta del Hno. Francisco, Cristian que arreglar los computadores en S. Antonio de Bogotá, la señora de la sastrería del Kolbe en Medellín… ¡gracias por vuestra amabilidad y ayuda, con vuestra colaboración me lo hacéis más facil!

Os deseo a todos, que el camino cuaresmal sea fecundo en la renovación de nuestra vida y vocación bautismal, como nos invita el Papa en su mensaje, y que la Pascua ha reflorecer nuestros desiertos.

¡Que Dios les bendiga hermanos, y les dé la paz!

Joaquín Agesta.
Hno. Provincial

martes, 17 de agosto de 2010

EL PADRE KOLBE, DISCIPULO DE CRISTO Y CABALLERO DE LA INMACULADA

“Reparemos todos los hermanos en el buen Pastor, que por salvar a sus ovejas
soportó la pasión de la cruz. Las ovejas del Señor le siguieron en la tribulación y la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; y por ello recibieron del Señor la vida sempiterna. Por eso es grandemente vergonzoso para nosotros los siervos de Dios que los santos hicieron las obras, y nosotros, con narrarlas, queremos recibir gloria y honor.” San Francisco de Asís (Adm. 6)

Maximiliano María Kolbe, fue sin duda alguna, una oveja que siguió a su pastor en la persecución, en el sonrojo y el hambre, en la debilidad y la tentación, y en todo lo demás; y por ello ha recibido del Señor la vida sempiterna. En otras palabras, fue un verdadero discípulo de Cristo.
Hablar de los santos hoy, es ponerse en la tarea de entrever lo que verdaderamente hay detrás de sus vidas, porque se puede caer en el error de atribuirle a ellos, la obra que únicamente puede ser del Espíritu Santo. Por tanto, si comprendemos que quien santifica es Dios y no los hombres, entonces podremos comenzar a procurar descubrir que Dios actúa también en cada uno de nosotros, porque Él nos ama y nos bendice con un don precioso: su Gracia.

En mi experiencia como acompañante espiritual de la Milicia de la Inmaculada, he podido constatar como Dios nos sigue hablando a nosotros, sus hijos, en nuestro propio lenguaje, y a través de personas comunes y corrientes, que desde su ser mismo, han sido capaces de tener a Dios en su corazón como la única prioridad en sus vidas; este es el caso de san Maximiliano Kolbe, quien con su profunda experiencia de auténtica vida cristiana y franciscana, habla continuamente a los miembros de su asociación de fieles católicos M.I, y también a todos nosotros que nos decimos cristianos, animándonos a continuar trabajando por la salvación de los hombres y mujeres de hoy, partiendo de un serio compromiso personal frente al propio camino de conversión, esto no es una cosa distinta a la de ser hombres y mujeres evangelizados, pues solamente desde allí, podremos ser evangelizadores.

Ahora bien, el padre Kolbe nos ha dejado una tarea muy importante frente al compromiso evangelizador: tener un corazón limpio y dispuesto a obedecer la voluntad de Dios como deber vital de todo cristiano; frente a esto último, María, nuestra Madre Inmaculada, es modelo perfecto, y Maximiliano así lo entendió y lo vivió. Pero no basta con la buena voluntad, es necesario aprender a leer los signos de los tiempos, como bien nos lo ha recordado el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes, y por tal razón este santo conventual nos recuerda que es prioritario echar mano de las herramientas actuales como: los medios de comunicación (TV, Radio, Internet), las artes como: la música, la pintura, el teatro, y también la capacidad de vincular las profesiones de cada uno al proyecto evangelizador, de esa forma el mismo trabajo o estudio, es una campo magnífico para hablar de Dios.

Para concluir con este pequeño artículo sobre el padre Kolbe, diré que, este hombre entendió a la perfección lo que quiere decir, vivir en el espíritu, porque experimentó en lo profundo de su corazón el Amor primero de Dios, y así lo escribe en una de sus cartas:
¿Quién hubiera osado suponer que tú, oh, Dios infinito, eterno, me amaste desde los siglos, y hasta antes de los siglos? Porque me amas desde el momento que existes como Dios: ¡Me amaste entonces, y me amarás siempre! ... ¡Cuando todavía no existía, ya me ambas, oh Dios de bondad, me has llamado de la nada a la existencia! … (…) 1.

Por lo mismo comprendió que no existe un mediador entre Dios y los hombres distinto de Cristo Jesús el Señor, porque si es Dios quien toma la iniciativa en el diálogo (la oración), y Cristo es la Palabra del Padre, Él únicamente es capaz de comunicarnos a Dios y de comunicarle a Él nuestras palabras. Por eso dice Kolbe en otro apartado: ¡Oh Dios de amor, me has rescatado de manera terrible, pero magnánima! 2 … Cristo nos conoce profundamente, y aún así, quiso rescatarnos porque somos también por Él, hijos adoptivos de Dios.
Pero la posibilidad de llegar a una relación íntima con Cristo sólo es posible gracias a la acción del Espíritu Santo. También esto lo tenía claro Maximiliano, y da cuenta de ello cuando escribe que: “El Espíritu Santo, concede sin cesar a cada uno buenas inspiraciones” y a propósito de dicha inspiración afirma: “es una gracia que hay que rodear de mucha solicitud, porque suele ser discreta y frágil. Si nuestro corazón está distraído, no demora mucho en retirarse; más, a medida que le dedicamos nuestra atención, da muchos frutos.”3

Fruto del Espíritu Santo es el encuentro del padre Kolbe con María. Esta experiencia inspiradora, se ve reflejada en sus escritos, en los cuales se puede leer lo siguiente: “Sólo el Espíritu puede hacer conocer a su esposa, a quien quiera y como quiera”, y en otra parte también alude al vínculo estrecho entre María y el Espíritu Santo diciendo: La unión entre el Espíritu Santo y la Inmaculada es tan estrecha que el Espíritu Santo, que ha penetrado en las profundidades del alma de la Inmaculada, no ejerce ningún influjo sobre las almas, si no es por su mediación. (SK 1224, P. 2149). 4
La experiencia del Padre Kolbe con María es esencialmente pneumatológica, María es lo que es por el Espíritu Santo, a quien ella supo escuchar, acoger, meditar y finalmente reflejar en su vida ante los ojos del mundo el obrar de Dios a través de los hombres y mujeres, siempre y cuando éstos estén dispuestos a la acción de su Santo Espíritu. María Inmaculada, esposa del Espíritu Santo, por su relación íntima y profunda con Dios, nos muestra claramente el camino que conduce al encuentro con el Bien, el sumo Bien el Bien total, el Amor mismo, el sentido primigenio y último de todo lo viviente.
Que sea pues nuestro Padre Celestial, quien a través de su Hijo Jesucristo nuestro Señor, y por la gracia del Espíritu Santo, nos lleve a vivir siempre buscando los bienes espirituales, asumiendo siempre el reto de llevar a muchos corazones el mensaje salvífico de su Evangelio, teniendo siempre presente a la Virgen María como ejemplo supremo de virtudes y a san Maximiliano como aquel que supo dejar actuar a Dios en su vida y hacer las obras, a través de Ella.

Hno. Daniel Andrés Bohórquez Galvis Ofm Conv.

Notas:
1. Louvencourt, Jean – François. San Maximiliano Kolbe amigo y doctor de la oración. (Roma, Centro Internacional “Milicia de la Inmaculada”, 1998.). Primera edición en español: 2001. P. 22.
2. Ibíd. P. 23.
3. Ibíd. P. 24.
4. Ibíd. P. 25

jueves, 17 de junio de 2010

LLAMADOS A LA SANTIDAD

Sed santos, pues YO el Señor soy santo (Lv. 19,2)

El primer relato de la creación del libro del Génesis, narra cómo Dios crea al ser humano a su imagen y semejanza, el hombre es presentado como culmen de la creación. En el segundo relato (quizá más antiguo, de tradición Yavista), se presenta a Dios como un alfarero, que con delicadeza forma con sus manos al ser humano y luego sopla su aliento (Ruah, en hebreo). Mucho ha sido dicho de estos textos, pero centremos nuestra atención en algo particular a los dos relatos.

En ellos se puede descubrir a un Dios cercano, que detie
ne su mirada en el ser humano y lo colma de una gracia tan sublime, la cual los escritores sagrados saborean y pintan en sus relatos con palabras como: “y dijo Dios, hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, … y tomó Dios polvo de la tierra y formó al hombre … luego sopló en sus narices…”(Gn. 1-2). Quien pinta con palabras esto, sabe que tiene un Dios grande y poderoso, creador de todo, santo, perfecto, pero descubre que siendo nosotros sus criaturas, llevamos en nuestro ser, pues así lo dispuso él, su imagen y semejanza, su Ruah que nos mueve.

Así pues, podemos leer con esta lupa el texto del Levítico, en el cual se llama al pueblo a la santidad. Tal llamado es imperativo “sed santos”, pues estamos capacitados para hacerlo. El Señor no exige algo que exceda nuestras fuerzas, nos pide ser lo que somos, su imagen y semejanza, nos pide actuar según su voluntad y para eso nos da su aliento. Ante esto no podemos excusar nuestra vida de pecado en la fragilidad humana, si bien, somos barro, es decir debilidad, no por ello somos pecado.

Somos fragilidad insuflada de fuerza (Ruah), somos polvo de la tierra moldeados
a su imagen y semejanza, que cediendo a la tentación caemos en pecado y desfiguramos lo que en esencia somos. Para recordarnos su amor y motivarnos a volver a él, nos ha enviado a su Hijo, en quien se ha dado la unión de lo humano con lo divino. En su encarnación, hemos podido contemplar, que Dios tiene un rostro, no parecido al nuestro, sino que nuestro rostro se parece al de Dios, pues así nos ha moldeado. De esta manera, ya no podemos decir que el llamado a la santidad sea el susurro de Dios a unos cuantos elegidos, sino el grito penetrante a vivir como somos, imagen y semejanza de un Dios que es amor.

En el cuarto evangelio (Juan), se repite el acto creador y, Cristo resucitado sopla sobre sus discípulos el Espíritu Santo, quien ha sido enviado para que nunca olvidemos lo que somos y nos conduzca hasta el Padre. A lo largo de ocho siglos, nuestra Orden de Hermanos Menores Conventuales, ha querido mostrar al mundo la grandeza de ser humanos, distinguiéndose entre nuestros hermanos grandes santos que en su teología y su vida nos han enseñado el valor supremo de vivir nuestro ser de criatura con alegría y responsabilidad, pues somos imagen y semejanza del Sumo Bien.

Al mirar la vida de tantos hombres y mujeres de nuestra
gran familia franciscana, debe surgir en quien emprende el seguimiento del señor en esta orden, una gran responsabilidad frente al proceso personal de conversión, pues somos herederos de un gran legado de santidad, por esto, es muy – vergonzoso que nos conformemos con solo narrar las grandezas de nuestros santos hermanos – (Cf. Adm. 6). Todos los días debemos comenzar de nuevo, como nos dice nuestro padre Francisco. Todos los días debemos revisar nuestra vida y no permitir que nuestros pasos se desvíen de la senda de la paz y el bien; María inmaculada, modelo de humanidad nos acompañe en este caminar hacia la cristificación. Fr. Sidifredo Chaparro OFMConv.

jueves, 20 de mayo de 2010

¿POR QUÉ CONVENTUALES?

Los Franciscanos Conventuales somos la Orden de Hermanos Menores fundada por San Francisco de Asís en 1209, que, ocho siglos después, queremos ser instrumentos de paz y de bien allí donde nos encontramos, con un estilo de vida sencillo y humilde, al mismo tiempo que comprometido y testimonial

Desde su fundación, los rasgos que definen a los hermanos menores conventuales son: la fraternidad y la igualdad de sus miembros en una sociedad de desiguales o "mayores"; la 'desapropiación' o pobreza evangélica de quien tiene a Dios como único tesoro y Señor frente a una sociedad apoyada en la riqueza; la 'minoridad' como reverente actitud ante toda criatura; el amor filial y obediente a la Iglesia de Roma; la itinerancia, actitud de éxodo y peregrinación, como 'forasteros y peregrinos', sin la estabilidad del monje; la vida en contacto con el pueblo por el trabajo en el oficio que se conoce; la predicación penitencial, más con el ejemplo de vida que con la palabra; el apostolado misionero con un talante ecuménico e integrador; la autoridad como servicio (donde los superiores son 'ministros', servidores y guardianes de la fraternidad).

Desde el mismo siglo XIII se añadió la denominación de conventuales a la de franciscanos, para expresar su estilo de vida y de apostolado. Sólo mucho más adelante, el apellido conventuales se usa para distinguirlos de los observantes y de las otras reformas que surgen en la primera Orden. (Fr.Valentin Redondo OFMConv. "Los franciscanos conventuales en Colomia. Roma. 2005")